La noche del miércoles al jueves, Valencia vivió un episodio meteorológico histórico: la capital marcó 30,9 °C de mínima, la temperatura nocturna más alta desde que se tienen registros en 1869. Según informa Xataka, localidades como Denia o Rafol de Almunia alcanzaron los 39 grados a las doce de la noche, y más de 40 municipios valencianos se mantuvieron por encima de 30 °C durante toda la madrugada.
El responsable fue un viento de poniente —la conocida ‘ponentà’ en valenciano— que entró con fuerza desde el oeste. Este fenómeno, amplificado por el efecto foehn (el aire se calienta al descender por las laderas), no solo elevó las temperaturas sino que además secó el ambiente e impidió que la brisa marina pudiera internarse en tierra. El 77% de la red de estaciones de AVAMET no bajó de 25 °C en toda la noche.
Tres mecanismos para noches insoportables
Aunque el efecto foehn fue el protagonista de esta madrugada, la Comunidad Valenciana ha experimentado otros dos fenómenos que convierten las noches en infiernos térmicos. El primero es el bochorno subtropical: el 24 de julio, Valencia tuvo 27,5 °C de mínima con un 90% de humedad, lo que impide que el sudor se evapore y genera una sensación térmica sofocante.
El segundo son los reventones térmicos. El 16 de julio, El Toyo (Almería) marcó 43,3 grados a las 2:55 de la madrugada por un fenómeno convectivo que, aunque breve, dispara las temperaturas en plena noche. Según la fuente, AEMET reconoce que «todavía no hay un nombre universalmente aceptado para las noches como estas».
La tendencia empeora año tras año
Los datos de largo plazo no dejan lugar a dudas. Santa Cruz de Tenerife ha pasado de 68 noches tropicales (por encima de 20 °C) en 1950 a 158 en 2025. Almería pasó de 41 en 1968 a 114, y Barcelona-Aeropuerto de 19 de media entre 1950 y 1980 a 80 en la última década. La serie centenaria de Madrid-Retiro acumula dos grados más y un 520,6% más de noches tropicales desde 1894.
Aunque todavía no existe un estudio de atribución específico para este episodio de poniente extremo, el análisis de World Weather Attribution sobre la ola europea de finales de junio calificó ese evento de «virtualmente imposible» en el clima de 1976 y más de cien veces menos probable de noche que en 2003. El cambio climático está multiplicando tanto la frecuencia como la intensidad de las noches cálidas en el Mediterráneo español.
Consecuencias inmediatas: cierre de parques y riesgo de incendios
Ante la combinación de calor extremo, viento fuerte y baja humedad, la Generalitat declaró preemergencia 3 por riesgo extremo de incendio y cerró los parques naturales de la Comunidad Valenciana. El territorio se convirtió en una cerilla a punto de arder. Decenas de miles de personas pasaron la noche sin poder conciliar el sueño, atrapadas entre el calor seco del poniente y la imposibilidad de refrescarse con la brisa habitual del mar.
La meteorología española está descubriendo formas muy creativas de hacer insoportables las noches de verano, y la tendencia no para de empeorar. Basta recordar que junio y julio fueron el bimestre más cálido de la serie española, y que al menos 24 estaciones principales batieron su récord de mínima ya en junio. La nueva normalidad térmica se construye noche tras noche, y Valencia acaba de escribir un nuevo capítulo.
Fuente: Xataka · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Imbest con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.