El marketing es una de las profesiones que más presión genera. Según un estudio de Más Mujeres Creativas citado por IPMark, el 68% de los profesionales se han sentido desbordados en el último año, el 48% siente que trabaja demasiado y el 19% reconoce que no puede conciliar fácilmente su vida profesional con la personal. Son cifras que reflejan una realidad incómoda: el sector pide mucho y devuelve poco en términos de sostenibilidad laboral.

El problema no es solo la carga de trabajo. La ansiedad y la soledad laboral se agravan por la naturaleza del marketing: plazos cortos, clientes exigentes, métricas en tiempo real y la expectativa de estar siempre disponible. A diferencia de otros sectores, la urgencia nunca cesa; siempre hay una campaña que optimizar, un dashboard que revisar o un algoritmo que cambia las reglas del juego. Esa sensación de no terminar nunca genera una fatiga que no desaparece con un fin de semana libre.
Conectividad constante: la nueva fuente de agotamiento
La sobrecarga digital es otro factor clave. Slack, Teams, correo electrónico, dashboards en tiempo real, redes sociales profesionales y la presión de mantenerse al día con la inteligencia artificial. Según el informe de 2025 de la Organización Internacional del Trabajo Revolución de la seguridad y salud: Papel de la IA y la digitalización en el trabajo, la conectividad constante y la gestión algorítmica del trabajo contribuyen directamente al estrés, burnout y problemas de salud mental.
Las notificaciones fragmentan la atención, las herramientas de IA en evolución generan ansiedad por quedarse atrás, y los dashboards en tiempo real dificultan la desconexión. Estar hiperconectado no equivale a ser productivo; en muchos casos, es el camino más corto al agotamiento crónico.
El estigma que impide pedir ayuda
El dato más preocupante del estudio es este: el 54% de los profesionales de marketing no se siente capaz de hablar con su empresa sobre cómo se encuentra. Temen que comunicar problemas de salud mental pueda llevarles al despido. El estigma sigue presente. Reconocer el agotamiento se percibe como una señal de debilidad que puede comprometer la posición o la imagen profesional.
Y hay otro problema: muchos profesionales ni siquiera identifican que están quemados. El burnout no avisa; se construye poco a poco, de forma silenciosa.
Qué pueden hacer los profesionales (sin esperar a que la empresa cambie)
Aunque la responsabilidad no debe recaer solo en el individuo, existen medidas concretas que pueden marcar diferencia:
- Establecer límites claros: definir un horario de desconexión y cumplirlo.
- Priorizar de verdad: no todo es urgente. Aprender a distinguir lo importante de lo que no.
- Silenciar las notificaciones fuera del trabajo. Cada mensaje tiene un coste cognitivo.
- Separar los espacios: diferenciar la zona de trabajo de la de descanso, aunque se teletrabaje.
- Proteger la privacidad digital: reducir la exposición a rastreadores al navegar fuera del entorno corporativo aumenta la tranquilidad.
Hábitos pequeños, impacto acumulativo. Pero no basta con resiliencia individual.
El liderazgo también tiene deberes
El burnout no se resuelve solo con consejos de autocuidado. Las empresas tienen una responsabilidad estructural:
- Asignar cargas de trabajo realistas y revisarlas periódicamente.
- Fomentar el derecho a la desconexión de forma activa, no solo sobre el papel.
- Formar a los managers para que detecten señales de agotamiento en sus equipos.
- Ofrecer recursos de apoyo psicológico accesibles y sin estigma.
- Crear una cultura donde hablar de salud mental no cueste el puesto.
Los equipos que se sienten seguros rinden mejor, son más creativos y permanecen más tiempo. Apostar por el bienestar no es solo lo correcto; es lo inteligente desde el punto de vista del negocio.
El bienestar también necesita estrategia. Un equipo agotado no puede dar lo mejor de sí mismo, y eso, al final, también afectará a los resultados.
Fuente: IPMark · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Imbest con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.