Una paradoja define el presente de miles de veinteañeros: mientras pasan horas ante pantallas, dedican su tiempo libre a tejer, bordar o pintar cerámica. Técnicas que hasta hace poco parecían relegadas al baúl de los recuerdos viven ahora una segunda juventud impulsada por la necesidad de desconexión, el auge de la sostenibilidad y la búsqueda de autenticidad.
Según Xataka, pasatiempos considerados anticuados resurgen gracias a una combinación de factores: la saturación digital, la difusión de tutoriales en redes sociales y la recuperación del legado de generaciones anteriores. El ganchillo, la costura y la cerámica encabezan esta tendencia que mueve miles de millones de dólares.
Un mercado en pleno crecimiento
Las cifras reflejan el impulso. Un estudio de The Business Research Company estima que el mercado mundial de la artesanía alcanzó en 2026 un valor de 47.350 millones de dólares y podría superar los 67.000 millones en 2030. Etsy, plataforma clave en compraventa de productos manufacturados, registró en 2022 ventas brutas de 11.800 millones de dólares, con 94 millones de compradores activos y 7,3 millones de vendedores.
En Reino Unido, The Guardian detectó en 2020 un aumento del 140 % en personas que empezaban a practicar ganchillo, sumando un millón de nuevos aficionados. Technavio estima que el mercado global de tejido y crochet crecerá en 10.690 millones de dólares entre 2024 y 2028.
Eventos como la feria Love Yarn Madrid 2026 dan fe del fenómeno: 14.000 metros cuadrados de exposición, más de 120 expositores internacionales, más de 60 talleres especializados y entradas agotadas en solo tres días. La cita se consolidó como la mayor de Europa dedicada a la lana, el crochet y el ganchillo.
Desconexión digital y salud mental
Frente a la uniformidad de los productos industriales, los objetos hechos a mano representan lo genuino y lo exclusivo. Cada pieza tiene su propio proceso, refuerza la autoestima y genera sensación de autosuficiencia. Estudios médicos recientes, como el publicado por el Mental Health Center de San Diego, califican las manualidades de «herramienta accesible y asequible para la salud pública».
Actividades como bordar, pintar cerámica o tejer fomentan la creatividad y la concentración, en dirección opuesta al efecto que generan las redes sociales. Generan además una sensación de logro y propósito que contribuye al bienestar emocional. «La participación en actividades artísticas y de artesanía aporta beneficios significativos», señala la investigación.
En una vida saturada de pantallas, las manualidades ofrecen una vía para reducir el estrés y desconectar. No requieren grandes inversiones, permiten experimentar y mejorar habilidades, y representan una pausa tangible en la vorágine digital.
Conexión generacional y ‘slow fashion’
Aprender estas técnicas permite a los más jóvenes conectar con sus raíces familiares y culturales. Más allá del aprendizaje técnico, implica compartir tiempo y experiencias con familiares mayores, crear recuerdos y fortalecer la identidad familiar. Los European Artistic Crafts Days subrayan cómo la artesanía actúa como hilo invisible que une pasado y presente.
En la industria de la moda, el resurgimiento del bordado o el ganchillo supone un giro hacia lo artesanal y sostenible. Las técnicas manuales abanderan el slow fashion, movimiento que promueve el consumo ético y consciente, respaldado por firmas como Dior, Valentino, Batsheva Hay o Ganni.
Redes sociales e influencers del ganchillo
Plataformas como Pinterest y TikTok juegan un papel clave difundiendo tutoriales e ideas. Ya existe una esfera de influencers dedicadas al tema: mindfulmantra_embroidery, Yolanda Andrés, Sarah K. Benning o Cristina Chanche suman millones de seguidores compartiendo sus creaciones.
La pandemia aceleró esta tendencia. Confinamiento, necesidad de pasatiempos relajantes e importancia redoblada de comunidades online forjaron el caldo de cultivo perfecto. También propició el resurgir de negocios domésticos de ropa hecha a mano a través de Etsy, Instagram, Wallapop, Vinted o Shopify. Miles de personas se lanzaron al autoempleo artesanal, revalorizando la moda de autor y cambiando la percepción del consumidor.
The Wall Street Journal denomina la tendencia granny core (núcleo abuela) y recoge declaraciones de veinteañeros que subrayan la desconexión de lo digital y el placer de elaborar piezas artesanalmente como claves para este resurgir. En tiempos modernos, lo auténtico vuelve a ser valioso.
Fuente: Xataka · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Imbest con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.